Un caballo de Troya.

Exponerse a las vilezas que engendra un nefasto ideal es, en mi opinión, la mejor forma de sacar del enconamiento a quien lleva demasiado tiempo envenenado, porque no existe mayor antídoto contra una errónea interpretación moral que enfrentarse plenamente a sus consecuencias.

¡Oh igualdad! Tú que te presentas ante el mundo como el perfecto ideal a seguir, como el rayo de luz que ha de iluminar todos los caminos, como la sabiduría elevada a la máxima potencia. Quienes realmente no te conocen se dejan embelesar por tu aparente dulzura, por tu sublime estandarte, por tu semblante bonachón. ¡Cuántos habrán caído en tus redes!, pero, cuantos las van a rasgar en unos instantes.

¡Oh igualdad! Ya ni siquiera los doctos hablan mal de ti, sino que te veneran. Has conseguido que incluso los fuertes y solitarios enarbolen tu bandera, cuando en realidad es, por excelencia, la bandera de débiles y gregarios, y, como no, de los astutos.

¡Oh igualdad! Tienes la osadía de culpabilizar a los fuertes y solitarios por su condición, y de sentenciarlos en un juicio moral para no reconocer que tus únicos fines son, en primer lugar, hacer más uniforme y moldeable el rebaño, y, en segundo lugar, reescribir una nueva tabla de valores. Pero lo peor de todo no eso. Lo peor de todo es que incitas al resto de seres humanos a la venganza, al resentimiento, hacia un odio impotente contra lo que no pueden ser, (o más bien, contra lo que, por las dificultades que ello implica, no están dispuestos a ser, es decir, una forma de vida poderosa) para no tener que aceptarse como endebles e incapaces.

¡Oh igualdad! Quienes te veneran han dejado de amar, para querer ser amados; han dejado de admirar, para buscar ser admirados; han dejado de respetar, para pretender ser respetados. Todo ello porque cimientan su moral en términos de lucro y provecho, y quieren, por consiguiente, que todas las demás formas de vida se rebajen a su ordinariez y a su medianía.

¡Oh igualdad! Tu estandarte embaucador ha secuestrado hasta al más intrépido de los marineros. Tus corrientes han esparcido sus redes por todos los mares y han conseguido envenenar hasta el más basto océano; pero, ¡Cuantos marineros y océanos no habrán vomitado tus inmundicias!

¡Ay individuo! No busques una interpretación moral para algo que constituye un hecho natural, porque sólo conseguirás alejarte del orden natural de la vida, esto es, de la apabullante desigualdad que defiende la naturaleza.

Un consejo: Aléjate de quienes defiendan la igualdad a toda costa, porque quienes no puedan (o no quieran) llegar donde estás tú, intentarán bajarte para que estés donde están ellos, y te impedirán llegar a lo más alto.

De la educación. Las semillas que plantes hoy, mañana, serán árboles, no lo olvides.

Domesticar a un animal cuando es adulto es una tarea harto difícil, pero cuando cogemos al mismo animal en sus primeras etapas de vida el trabajo se vuelve mucho más sencillo, porque cortas de raíz la propia naturaleza del ser, adquiriendo éste, en su lugar, una segunda naturaleza, a la que llamaremos naturaleza obediente.

“Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida”. Séneca

Al igual que los humanos domestican a los animales salvajes, el sistema domestica a los humanos.

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Y para explicar esto voy a contar una curiosa historia personal que sucedió en mis primeros años de infancia:

A los cuatro años fui al colegio por primera vez, por aquella época se llamaba parvulitos. Yo no tenía ni idea lo que era la escuela y, como cualquier niño, sentía emoción por conocer algo nuevo.

Al principio todo fue más o menos bien, hasta que un día, la profesora, nos ordenó dibujar un barco. Todos los niños comenzaron a dibujarlo, excepto yo. No entendía como una persona que no conocía de nada me obligaba a hacer algo que no quería. Lo intentó de mil formas, todas ellas amenazantes, impositivas. Yo, a pesar de ser del tamaño de un renacuajo, me negué reiteradas veces. La profesora ya no sabía que hacer conmigo porque todas y cada una de sus intimidaciones encontraban la misma respuesta, ¡no!  Fue entonces cuando la profesora decidió pedir ayuda para llevar a cabo sus fines.

Como la profesora veía que, al no haber ningún vínculo afectivo entre ella y yo, no iba a conseguir sus objetivos, llamó a mi madre. Le dijo que su hijo se negaba a acatar las normas y que si no dibujaba el barco no podía seguir en el colegio. Mi madre, más por vergüenza que por convicción, se puso de parte de la profesora e intentó convencerme de la misma forma: advertencias, malas caras…

A los cuatro días mi madre me volvió a llevar al colegio con la esperanza de que al ver tanto a ella, como a la profesora, como a los propios alumnos en contra mía cambiaría de opinión. Un comportamiento que demuestra lo poco que el ser humano conoce al ser humano.

Mi respuesta siguió siendo no, y mi madre desesperada me llevó de nuevo a casa.

Como ninguna de las medidas que tomaban contra mí surtía el efecto deseado tenían que ir a lo que, sabían, más daño me podía hacer.

Por aquella época acudía tres veces por semana a clases de kárate, algo que por aquel entonces me encantaba.

Al día siguiente mi madre me puso en la cola para entrar a kárate y justo cuando iba a entrar me dijo que si era lo bastante mayor para no ir al colegio también lo era para no ir a kárate, y me sacó de la fila.

Pasados unos días me volvieron a llevar al colegio y fue todo un acontecimiento en clase. ¡El caballo salvaje por fin sería domado!

Naturalmente no dibujé ningún barco como me exigieron, simplemente me dediqué a hacer garabatos en el papel, porque comprendí que lo importante no era el dibujo, sino el hecho de hacer el dibujo, es decir, el de someterme a las normas. Con este método no sólo se consigue neutralizar a la oveja negra, sino que además las blancas reafirman aún más su obediencia por creerse en la pradera correcta.

oveja negra

Por ello, y no por otro motivo, el sistema debe fomentar la segunda naturaleza en la infancia, la etapa más vulnerable de nuestra vida; porque el ser humano, al igual que cualquier animal, no está concebido para acatar órdenes, sino que por el contrario nace para infringir las que no le convienen, o, directamente, las que no le interesan, muy al contrario de  lo que se enseña y de cómo realmente es, gracias a la educación.

También se nos enseña que es razonable dar órdenes a todas horas a los niños por su bien, pero lo único que se consigue son seres sumisos, complacientes, acobardados, es decir, animales de granja.

“Todos los educadores son absolutamente dogmáticos y autoritarios. No puede existir la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no le educaréis”. Gilbert Keith Chesterton.

De ahí que, la educación siempre busca pretextos para someter al individuo, pues su principal fin es que aceptemos todos y cada uno de los roles necesarios para que nos convirtamos en animales  domésticos.

En este sentido, el simple hecho de meter a un niño en un colegio del cual no puede ni tan siquiera salir de su clase, ya no por encontrarse la puerta cerrada, sino porque tiene la obligación de no hacerlo, es igual que cuando ordenas a tu perro que se siente, pues lo que se quiere conseguir en ambos casos es la total aceptación de la sumisión a las normas, o lo que es lo mismo, una naturaleza obediente.

Y tristemente esta adoración por acatar las órdenes es algo que se retroalimenta. Por eso, cuanto menos tiempo pases en este sistema educativo más posibilidades tendrás de convertirte en un ser un poco más libre. ¿Entiendes ahora porque se llama educación obligatoria?

Mucha gente piensa que sólo seres humanos que hayan recibido una “buena educación” (pública o privada, religiosa o laica) pueden romper la inveterada y aceptada dictadura en la que vivimos, pero lo cierto es que la única manera de aniquilar el sistema es precisamente al revés. Porque comprender que a lo que se llama educación (sea cual sea) es el primer paso hacia la domesticación es primordial para entender la naturaleza obediente de los adultos; pues estos, como sucede con las vacas, ovejas y demás animales domesticados, han sufrido durante toda su existencia el sometimiento en cada ámbito de su vida, dando como resultado una perfecta sumisión a las normas.

No nos engañemos: nuestros hijos (a no ser que lo evitemos) son las futuras ovejas del sistema y como tal están siendo educados, para que la segunda naturaleza brille con más fuerza que la primera y así el mundo artificial que conoces nunca se vea alterado.

No renuncies a la naturaleza y a la libertad que te han sido otorgadas simplemente por el hecho de nacer y, sobre todo, no consientas que los dogmas de la educación se las arrebaten a tus  hijos.

“El que un niño vaya mal en los estudios o que su comportamiento no sea lo que la educación considere un modelo a seguir no quiere decir que sea tonto, tampoco vago, y mucho menos malvado, sólo indica que tiene mejores cosas que hacer que ser domesticado” Elfindelsistema.

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Desenmascarando el presente.

El verdadero rostro que se esconde tras la comúnmente llamada dación en pago no sólo se limita a una mueca de satisfacción en la cara de quienes han perdido su casa y, por lo tanto, ya no tienen una deuda con el banco, sino a lo que realmente se esconde tras esa mascara.

Desenmascarar

Podríamos pensar que la dación en pago responde a un acto benévolo (incluso moral) por parte de los bancos y del sistema para mejorar la maltrecha vida de los desahuciados, o, mejor aún, que los bancos y el sistema ceden a las exigencias del pueblo.  Pero la verdad es que existen varios  motivos por los cuales tanto la banca como el propio sistema necesitan de la dación en pago (en ciertos casos) por su propia supervivencia, por mucho que se piense que han sido la plataforma de afectados por la hipoteca y stop desahucios quienes lo han conseguido.

La dación en pago no es sino la forma que tienen los bancos y el sistema para que no te alejes de ellos, para que sigas dependiendo de ellos, para que no rompas el contrato que hace tanto tiempo firmaste y, por el cual, te comprometiste a seguir sus reglas de juego.

La única forma que tiene el sistema para dominarnos es que dependamos de él, es decir, que tengamos un trabajo asalariado, una hipoteca, una casa en propiedad, una cuenta en un banco, o lo que es lo mismo, contratos, contratos y más contratos. Y cuantos más tengamos mucho mejor para sus propósitos.

Pongamos como ejemplo lo que sucede con los gitanos. ¿Recuerdas cuando el gobierno prácticamente regalaba casas a familias gitanas en el centro de Madrid?

El fin último del sistema era conseguir que esas familias abandonaran su forma de vida. Una vida que si por algo se caracteriza es por estar absolutamente al margen de las reglas de juego y, por consiguiente, al margen de la dependencia que suscita el sistema.

Por eso, la única diferencia entre los desahuciados, a quienes se les ofrece la dación en pago, y los gitanos, a los que les ofrecían las casas, es que los primeros no se van a beneficiar del hecho de ser nuevos en el juego como los segundos, puesto que los primeros ya eran jugadores habituales. ¿Has visto el anuncio en televisión de poker888 donde simplemente por empezar a jugar te regalan ocho euros? ¿Lo comprendes ahora?

Efectivamente,  el objetivo del sistema es que te enganches al juego, por eso, como en cualquier juego, unas veces se gana (como los gitanos) y otras se pierde (como los desahuciados), para que, en último término, todos participen. Por lo tanto, el sistema no se puede permitir que las familias desahuciadas se vean avocadas a la exclusión social debido a una deuda eterna con el banco, porque, en última instancia, el mayor perjudicado sería el propio sistema. El sistema te oprime, pero casi nunca hasta el punto de que te veas obligado a abandonar la partida.

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Como la dación en pago no soluciona completamente el asunto de las familias desahuciadas  (ya que estas podrían empezar a funcionar al margen de las reglas de juego  y, por consiguiente, al margen de la dependencia que suscita el sistema), se ha inventado el alquiler social.

Como su propio nombre dice se trata de un alquiler sin más, es decir, otro contrato (ya que lo de social es simplemente una coletilla decorativa), cuyo objetivo es siempre el mismo, hacerte dependiente del juego, o lo que es lo mismo, del sistema.

Pero la máxima expresión de dependencia (y a la vez la más cruel por la falsa moral que implica) a la que nos tiene sometidos el sistema son, sin lugar a dudas, los bancos de alimentos. ¿Acaso piensas que los centros de recogida de alimentos tratan de mejorar la vida de los seres humanos? A simple vista podría parecer que sí, pero al igual que sucede con los gitanos, la dación en pago o los alquileres sociales, los centros de recogida de alimento cumplen la misma función, que nunca abandones el tablero de juego.

Una cosa muy curiosa y que me llama mucho la atención es que, por  ejemplo, cuando se da de comer a gatos callejeros se piensa estar haciendo un bien a esos seres, pero lo que realmente se está haciendo es privarles de la capacidad que estos tienen de buscarse el alimento. ¿Qué pasará cuando la mano que les da de comer deje de hacerlo? ¿Y qué pasará cuando a los mendigos dejen de darles la caridad?

Tranquilos, nunca se dejará de dar a los mendigos la caridad, como tampoco se avocara a un gran número de familias a la exclusión social, porque, a diferencia de los gatos callejeros, el sistema necesita de la dependencia del ser humano por encima de todo para su propia supervivencia y, porque, precisamente, esa es la manera que tiene de que dependamos de él, es decir, de dominarnos.

Así pues, es de vital importancia comprender que todos los actos aparentemente benévolos con otros seres siempre causan algún daño. En algunos casos son más beneficiosos que perjudiciales, pero en otros, debido a esa falsa moral (y en especial  la moral cristiana que no por casualidad inunda desde hace dos mil años la mente de los seres humanos) se destruyen los mecanismos de supervivencia que están presentes en cualquier ser, cuyo fin es convertirnos en seres dependientes, es decir, en seres miserables incapaces de tomar el control de nuestras propias vidas.

He aquí porque la moral juega un papel de cohesión tan importante en la sociedad, ya que sin ella, la dependencia, esa decadente forma de dominación, pasaría a la historia.

Con esto no quiero decir que no haya que ayudar a los semejantes, ¡ni mucho menos! Simplemente digo que la ayuda debe ir enfocada a que el ser humano recupere su capacidad de autogestión. Y para explicar esto voy a usar dos claros ejemplos.

Ofrecerle un plato de comida a un mendigo para que no muera de hambre es ayudarle, pero dar a diario un plato de comida al mismo mendigo es crucificarle, porque mientras no se busque la manera de que él mismo aprenda a proporcionarse el alimento sólo se le estará condenando a la dependencia más inmoral.

De la misma forma, ofrecer cobijo a las familias desahuciadas mientras encuentran una casa es ayudarlas, pero pedir para ellas un alquiler social es todo lo contrario, porque, por un lado, estamos ayudándolas a que no den el paso para abandonar el sistema y, por el otro, el poco dinero que tienen lo van a usar para pagar ese alquiler, condenando a estas familias (de nuevo) a la miseria y dependencia más inmorales.

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El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ha firmado en Valencia un protocolo con la Generalitat para la cesión de trescientas viviendas que irán dirigidas, en alquier social, a familias desahuciadas.

¿Qué hacer entonces?

Yo no puedo (es más, no debo) decirte lo que debes o no debes hacer o de qué manera debes o no debes comportarte más allá de lo obvio, ya que sería un alarde de prepotencia por mí parte. Pero considero que después de leer este artículo no te será difícil vislumbrar acciones beneficiosas para ayudar a los seres humanos (y no humanos) más desfavorecidos de la manera correcta.

Ahora bien, ¿es moral o inmoral defender y apoyar la dación en pago, el alquiler social, la caridad…? Dejémoslo en que depende de lo que se quiera conseguir. Para la supervivencia de los bancos y del sistema es necesario, pero en lo referente a la búsqueda de la libertad del género humano (principal objetivo de éste escrito) es necesario invertir un valor tan desprovisto de utilidad como es la moral (en el sentido referido). Pues esta, como bien se ha demostrado, sólo crea seres humanos débiles, incapacitados, es decir, dependientes. Y no por casualidad todas esas dependencias giran en torno al sistema, también llamado estado de bienestar o sueño americano. Pero voy a tomarme la libertad de acuñar un nuevo término para designar este tipo de dominación: Estado esclavista basado en la dependencia y en la falsa moral.

El estado de bienestar, el sueño americano o el estado esclavista basado en la dependencia y en la falsa moral, es decir, el prometido paraíso terrenal, no debe nublar tu vista, ya que ese supuesto futuro idealista (al igual que su búsqueda) es sólo una ilusión, como sucede con los espejismos en el desierto que engañan a la vista y nos hacen ver agua donde sólo hay arena. De lo contrario, sucumbirás una y otra vez a su embrujo, cuyo fin último es crearte dependencia en el juego y que nunca se te pase por la cabeza levantarte de la mesa para abandonar definitivamente la partida, o dicho de otra forma, conducirte al camino inexorable de la esclavitud más miserable y absoluta.

“Todo idealismo es falsedad frente a lo necesario” Nietzsche.

Insinué al principio que desenmascararía el verdadero rostro, no que éste, tras desmaquillarlo, fuera bello, o, al menos, al estándar de bello al que nos tiene acostumbrados esa falsa moral que tanto nos perjudica.

Pero no mires al futuro con temor, porque no debes verlo como el sistema pretende que lo veas, es decir, como el principio del fin, sino como el fin de ese principio que te llevo a esa situación. Míralo a través de los ojos de un noble y valeroso guerrero, fuerte de los pies a la cabeza, preparado para el peor de los escenarios, pues como decía también Nietzsche en su  magistral obra Ecce Homo: “Todo lo decisivo nace en las peores circunstancias”

No consientas que nada ni nadie decida por ti, y serás libre.

Las protestas, manifestaciones, revoluciones y guerras, es decir, la confrontación directa al único que favorece y fortalece es al propio sistema.

Quinto Fabio Máximo en el documental:

-Estamos perdiendo y si continuamos por el camino de la confrontación directa, Roma será destruida.

-Ha llegado el momento de ser inquebrantable. No sólo con nuestro enemigo sino con nosotros mismos. Enfrentándonos a nuestros errores para reconstruir nuestra estrategia.

-Le privaremos de lo único para lo que sirve, la batalla.

-La mejor forma de luchar contra Aníbal es precisamente no luchar.

-Sí, tiene un gran ejército pero compuesto por hombres diferentes a los que se puede dividir fácilmente cortándoles las líneas de suministros y dejándoles pasar hambre. Debemos atacar directamente al estómago.

-Se acabaron las batallas campales, se acabaron los gestos de grandeza.

-Oprimiremos a los bárbaros poco a poco, día a día, hasta reducirlos a nada como yo aconsejé que hiciéramos desde el principio.

-La arrogancia y el orgullo nos han traído hasta donde estamos hoy, pero esta no es una lucha por el honor, la gloria o la conquista.

Como decía Escipión en el documental: “Siempre debemos preguntarnos qué es lo que menos se espera el enemigo y entonces hacerlo.”

Una vuelta de tuerca más.

Quienes siguen este blog se habrán dado cuenta de que, de un tiempo a esta parte, ya no salen noticias sobre manifestaciones, abusos policiales, complots, guerras… El motivo es precisamente lo que quiero explicar en este artículo, pues no ha sido fácil para mí romper con mis propias creencias sobre qué es lo que debo sentir o de qué forma debo vivir, incluso sobre lo qué es sensato escribir y difundir.

Cuando era joven el odio y la violencia formaban parte de mi ser, simplemente porque creía que enfrentándome directamente al poder podría cambiar el sistema.

Después de un tiempo comprendí que esa lucha no conducía a ninguna solución, pues en vez de sumar fuerzas contribuía a crear una brecha en la sociedad, debido a que los medios de comunicación de masas criminalizaban los hechos y nos tildaban de terroristas.

Debemos comprender que el poder busca el enfrentamiento, porque así puede justificar aún más su control sobre la sociedad, es más, lo necesita, pues sin él se acabaría el juego de los buenos y los malos, y, por lo tanto, el control al que estamos sometidos no tendría razón de ser.

Con el tiempo empecé a buscar otras formas de lucha y encontré en internet un gran número de guerreros por la verdad.  Gente corriente que, desinteresadamente, compartía  videos, documentales, libros, películas… Siempre con el fin de despertar al mayor número de seres humanos en aras de un mundo mejor. Claro está que me apunte de cabeza creando un blog y difundiendo aquella información que consideraba de interés para la humanidad.

Hoy día considero que la información dada en este blog (antes del cambio de mentalidad de su autor) tenía un doble juego, pues es cierto que sin información veraz es muy difícil despertarse (aunque en mi humilde opinión no es ya lo principal), pero no es menos cierto que si el poder permite que se conozca esa verdad (incluso él mismo la difunde) es porque en ningún caso le perjudica, sino que por el contrario le beneficia.

Porque como el propio Maquiavelo decía:“(…) la poca prudencia de los hombres les hace emprender cosas cuyo buen sabor inicial les impide percibir el veneno que hay debajo (…)”

Particularmente considero que esto es lo que sucede realmente, pues cegado por la búsqueda de la verdad y por un odio irracional hacia quienes de una manera deleznable gobiernan el planeta, me dejé llevar, sin percatarme de que, al contrario de lo que pensaba y como sucede con la violencia,  estaba ayudando al poder a cumplir sus objetivos, es decir, estaba alimentando a la bestia.

“Sin duda los príncipes se vuelven grandes cuando superan los obstáculos y las dificultades que se les presentan. Por eso la suerte (…) hace que le nazcan enemigos y que otros emprendan  acciones en su contra, para que tenga la oportunidad de superarlas y pueda subir más alto, utilizando la escalera que sus propios enemigos le colocan. Por eso hay muchos que piensan que un príncipe sabio debe alimentar con astucia algún conflicto cuando se le presente la ocasión, para que, tras aplastarlo, su grandeza se vea aumentada.” De nuevo Nicolás Maquiavelo, en  El Príncipe.

Para el poder es imprescindible tener enemigos. Por eso cuando se queda sin ellos tiene que fabricarlos, como está pasando en la actualidad debido a que su poder y control ha llegado a límites inimaginables. Primero fueron las protestas, luego las revoluciones, más tarde el terrorismo y ahora es la crisis económica con el 15M a la cabeza. Todos estos movimientos son aderezados con el sabor inigualable de la propaganda, para que el fin último sea el conflicto perpetuo, indistintamente de lo que pueda parecer.

¿Y no es propaganda lo que hacemos las páginas y blogs que sacamos a la luz las atrocidades del poder?

¿Acaso pensáis que si al poder le hiciera el más mínimo daño no acabaría con la información que circula por internet?

Claro que podría hacerlo, pero no lo hace. De hecho fomenta esa información, pues cuanto más luchemos contra el poder, cuanta más información negativa difundamos sobre él, mayor será nuestro grado de indignación y mayor será el sentimiento de odio y de venganza. Así pues, el poder se asegura futuros conflictos repitiendo una y otra vez este siniestro juego.

El poder conoce las debilidades de la naturaleza humana, es más, las estudia. Así ha sido por lo menos en los últimos siglos como nos demuestra la historia y a juzgar por los resultados parece que le ha ido excesivamente bien.

“No vencemos la hostilidad con hostilidad, sino con amistad” que decía Buda.

Por eso he decidido borrar todos los artículos, videos y documentales exceptuando los escritos y ensayos que considero que de alguna forma pueden ayudar al ser humano a enfocar la vida de un modo muy diferente a como hasta ahora lo ha hecho, es decir, sin fomentar los conflictos, o lo que es lo mismo, sin complicidad con el poder como he venido haciendo en los últimos meses.  Al fin y al cabo mi lucha se concentra ahora en intentar arrancar al ser humano (y a mi mismo) de las garras del odio y de la sed de venganza, o, porqué no, de la codicia, del ego, de la competitividad, entre otros sentimientos y comportamientos denigrantes que rodean al ser humano y que le llevan, por un lado, al complejo mundo de complicidad con el poder y, por el otro, al inexorable camino de la infelicidad más absoluta.

“La mente que se abre a una nueva idea, jamás vuelve a su tamaño original” (Albert Einstein)

“Pierde” el tiempo con lo que realmente importa.

La vida es tiempo al fin y al cabo.

El poder conoce esta regla a la perfección y su principal objetivo es robarnos ese tiempo, o lo que es lo mismo, nuestra vida. Ya sea mediante la escuela, el trabajo asalariado, la política, la crisis económica… Pues el fin es que tu tiempo ya no te pertenezca a ti para vivirlo, para disfrutarlo, para compartirlo con quien quieras, sino a tus amos, para disponer de él en beneficio propio. Es cierto que han cambiado los métodos, pero los fines siguen siendo los mismos.

La dominación de finales del  siglo XX y XXI ya no es tan obvia como las de siglos anteriores, sino que ha sido maquillada de tal manera que si antes el poder imponía su voluntad mediante la fuerza ahora ya ni siquiera tiene esa necesidad, pues el ser humano ha aceptado cambiar cada eslabón de las cadenas que antes le esclavizaba por una hipoteca, un contrato de móvil, un crédito…. ¿Existe alguna forma de dominación más eficiente en la cual el propio dominado no percibe su esclavitud y en la mayoría de los casos la exige? Como decía Goethe: “Nadie vive más esclavizado que aquellos quienes falsamente creen ser libres.”

Y todo ello porque nos olvidamos de lo esencial, de lo único que realmente nos pertenece, de la piedra angular en todo este siniestro juego, pues sin nuestro tiempo el poder jamás podría cumplir sus objetivos.

Porque tal vez para librarnos de nuestras cadenas debamos invertir el tiempo de una manera muy diferente a como hasta ahora lo hemos invertido. Porque tal vez ese tiempo mal invertido sea en realidad nuestro autentico carcelero.

En el anterior artículo mencione una frase de uno de mis libros favoritos, en el cual existe otra de igual o mayor belleza y de igual o mayor transcendencia. Espero que os sirva (como a mi me ha servido) para comprender un poquito más que significa realmente el tiempo, es decir, la vida.

“Es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que la hace tan importante. (…) Los hombres han olvidado esta verdad. (…) Pero tú no debes olvidarla”. El Principito de ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

Arráncate el anzuelo… y sé feliz.

¿Recuerdas cuando eras niño? Alcanzabas la felicidad con el objeto más sencillo. En muchos casos ni siquiera costaba dinero. Otras veces te bastaba con un buen amigo con el que jugar; incluso con un papel y un lápiz te considerabas el ser más afortunado del planeta. Y ahora, ¿qué es lo que ha cambiado? ¿Ser adulto implica ser infeliz?  Yo no lo creo.

En realidad lo único que ha cambiado es la importancia que ahora le das a lo material sobre lo espiritual, al hecho de poseer más sobre el hecho de tener más tiempo, en definitiva, a lo insustancial sobre lo trascendental.

Has cambiado una maravillosa noche viendo las estrellas por el google sky; un bonito fin de semana en pleno monte por unas vacaciones en un complejo turístico; la búsqueda del amor por la búsqueda del dinero… Y así, tu vida se ha ido transformando en lo que el sistema ha querido que se transformara, es decir, en una vida cuyo objetivo principal es el consumismo, no la búsqueda de la felicidad. Porque el fin es que te alejes de la más pura esencia humana, de los sentimientos, del cariño, de la ternura, del amor a la vida, a la naturaleza, a los seres humanos…

El mejor móvil no te hará más feliz, tampoco el mejor el coche, ni la mejor casa, pues la felicidad trasciende todos los límites materiales, porque la felicidad, como el amor, no se pueden  vender  y, por lo tanto,  tampoco se pueden comprar.

El consumismo es, pues, una estrategia de seducción perfeccionada, un señuelo que el poder necesita para pescarte, un reclamo aparentemente inofensivo y beneficioso, pero que oculta dentro un mal mayor. Lo cierto es que mordiste el anzuelo (yo como el que más), pero ahora es el momento de no dejarse arrastrar al pesquero. ¡Arranca del carrillo ese anzuelo!, por muy doloroso que esto pueda resultar, pues será un mal menor y después de un tiempo sentiremos el más grande de todos los alivios; una recompensa que sin lugar a dudas habrá merecido la pena, pues la libertad, como el amor y la felicidad, es de las cosas que tampoco tiene precio.

Saca al monstruo que está dentro de ti, recupera aquel ser humano que un día dejaste de lado por aquella falsa felicidad que te prometieron y que nunca se materializó (ni jamás se materializará); libera a aquel  ser que no ve con los ojos, sino, que al igual que un niño, siente con el corazón.

Quiero acabar con una frase de un libro que muchos de ustedes ya habrán leído y que sino lo han hecho recomiendo.

“He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos”.  El Principito de ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

Ocupa el congreso, ¿o favorece el cambio de régimen?

¿Crees que por rodear el congreso o sentarte indefinidamente cerca de él cambiarás el rumbo de los acontecimientos?

Como el 15M, Democracia Real Ya o el Movimiento Yo Soy 132, Ocupa El Congreso forma parte del mismo espectáculo mediático, cuyo fin es cambiar el antiguo régimen por otro de similares características.

A lo largo de toda la historia han sido necesarios cambios de régimen, pues los poderes fácticos hace mucho tiempo que comprendieron esta regla. Para conseguir tales fines y que el pueblo no se diera cuenta de que jamás perdería su condición de esclavo, el poder inventó los movimientos sociales, las protestas  y, en última instancia, las revoluciones.

Esto es lógico, pues como una rata, si el pueblo se ve arrinconado y sin salida atacará con todo lo que esté a su alcance, sea cual sea el resultado, más que nada porque no tiene ninguna alternativa. En cambio, si a esa rata (o al pueblo) se le deja un hueco por donde escapar, aunque tal hueco no lleve más que a otro callejón sin salida, sin lugar a dudas lo tomará, pues tanto la rata como el pueblo  ven más posibilidad de supervivencia intentando escapar que enfrentándose a un adversario superior en tamaño y fuerza.

Por eso, debes comprender que tanto las protestas, como las revoluciones (pacíficas o violentas) no están diseñadas para cambiar el régimen esclavista, sino (y por muy raro que esto pueda parecer) para legitimar el que venga, ya sea  éste de izquierdas o de derechas, conservador o liberal, republicano o demócrata, pues el fin es hacer creer a la población en la esperanza de un sistema mejor, más justo, donde los seres humanos serán felices y comerán perdices. Nunca más lejos de la realidad.

Voy a serte sincero: No esperes conseguir nada detrás de una pancarta o con un arma sobre tu hombro, pues tu enemigo no sólo cuenta con ello, sino que además es él el que te proporciona todo lo necesario para que luches, para que te enfrentes a él, ya que sin tu esperanza de mejorar el sistema él nunca sobrevivirá.

No intentes culpar al poder o al sistema de la miseria que padeces, eso sólo agravaría el problema. En vez de eso, empieza por asumir que fuiste tú quien aceptó jugar a su milenario juego, quien de una forma interesada pensó que podría ganar la partida. La realidad es que has sido engañado, pues, sin saberlo, estabas jugando a un juego donde las reglas estaban amañadas desde el principio.

El cambio sólo se puede dar en tu interior, en tu forma de interpretar la vida, en tu forma de actuar día a día y en fomentar las cualidades más bellas que la naturaleza te ha otorgado.

Ni miedo, ni esperanza.

Si olvidamos por un instante la prima de riesgo, la deuda externa y toda esa parafernalia inventada por el poder con la estrecha colaboración de los medios de comunicación, veremos que no es el dinero lo que busca el poder, sino la dominación de la mayoría del género humano. Existen multitud de estrategias que el poder ha utilizado para someter a los individuos a lo largo de la historia, pero sin lugar a duda las crisis económicas prefabricadas han sido las que mejores resultados han obtenido. La estrategia para conseguir tales fines no depende de una cuestión matemática incomprensible, sino de una simple regla de tres: cuanto menos dinero tengas, más te esforzaras por conseguirlo, y, por lo tanto, más sometido estarás a las apetencias del poder.

Con esta simple pero eficaz fórmula, el poder  mantiene a la sociedad entre el miedo a no tener dinero y la esperanza de poder conseguirlo.

Por eso, no es el poder el que ata al individuo, sino el dinero y su interminable búsqueda lo que le encadena a aquel.

Hoy día el dinero se ha convertido en el nuevo opio del pueblo y, como cualquier droga, mantiene enganchado a quien la consume. De ahí,  las incesantes campañas del sistema para que compres, para que consumas, en definitiva para que te conviertas en un yonki del sistema.

Puedes negar la realidad o autoconvencerte de que ésta no es tan mala como algunos la dibujamos, pero recuerda que serán  el miedo y la esperanza los que hablarán por ti, no tu capacidad de razonar.

2+2=4

Dos y dos son cinco, dos y dos son cinco. ¿Cuántas repeticiones serían necesarias para llegar a convencernos de que dos y dos no son cuatro?                                   

El paradigma Orwelliano de guerra mental está cada día más presente.

Si antes los políticos abanderaban el estandarte del bienestar social para manejar a la población a su antojo, ahora el señuelo es el de la recuperación económica.

El atropello económico al que nos han sometido ha dejado un panorama tan desprovisto de opciones, que cada cual aguanta su mástil, presto a acatar toda recomendación que se proclame desde aquellas altas instancias que dicen llamarse los mercados.

Los mercados son, pues, los supuestos expertos guías que conocen el camino, y quienes dictan las directrices a los políticos en una pretendida búsqueda de salvación social.

Y los políticos nos presentan estas abusivas medidas como ultimátum del sistema.

Reconocen que el sistema agoniza, pero los mecanismos de guerra mental han sido tan eficientes, que la sola idea de abandonar el sistema aterra más al rebaño que las draconianas medidas que nos infligen.

De esto se encargan día a día los medios de comunicación, poderosos mecanismos de lavado cerebral, que convencen al individuo por repetición, por repetición constante del paradigma del sistema de bienestar social, como si todavía quedara esperanza para ello, con sólo un pequeño sacrificio. Sólo que este pequeño sacrificio avanza en una carrera acelerada  hacia el sometimiento total.

¿Pero qué hay del rebaño? ¿Quién se identifica como tal? Todos estamos prestos a considerar al resto entes borreguiles, pero lo cierto es que nuestro margen de actuación parece irse acotando, en esa actitud de resignación y conformidad, que da paso a una aceptación involuntaria.

Los mecanismos de la guerra mental son amplios y sutiles, entre la seducción del señuelo del bienestar y la amenaza del castigo al disidente. Tales son las distracciones y las comodidades, que el rebaño duda en despojarse  de su ronzal para recuperar su condición pensante, capaz de pensar, capaz de expresar y capaz de repetir  que dos y dos son cuatro.