Arráncate el anzuelo… y sé feliz.

¿Recuerdas cuando eras niño? Alcanzabas la felicidad con el objeto más sencillo. En muchos casos ni siquiera costaba dinero. Otras veces te bastaba con un buen amigo con el que jugar; incluso con un papel y un lápiz te considerabas el ser más afortunado del planeta. Y ahora, ¿qué es lo que ha cambiado? ¿Ser adulto implica ser infeliz?  Yo no lo creo.

En realidad lo único que ha cambiado es la importancia que ahora le das a lo material sobre lo espiritual, al hecho de poseer más sobre el hecho de tener más tiempo, en definitiva, a lo insustancial sobre lo trascendental.

Has cambiado una maravillosa noche viendo las estrellas por el google sky; un bonito fin de semana en pleno monte por unas vacaciones en un complejo turístico; la búsqueda del amor por la búsqueda del dinero… Y así, tu vida se ha ido transformando en lo que el sistema ha querido que se transformara, es decir, en una vida cuyo objetivo principal es el consumismo, no la búsqueda de la felicidad. Porque el fin es que te alejes de la más pura esencia humana, de los sentimientos, del cariño, de la ternura, del amor a la vida, a la naturaleza, a los seres humanos…

El mejor móvil no te hará más feliz, tampoco el mejor el coche, ni la mejor casa, pues la felicidad trasciende todos los límites materiales, porque la felicidad, como el amor, no se pueden  vender  y, por lo tanto,  tampoco se pueden comprar.

El consumismo es, pues, una estrategia de seducción perfeccionada, un señuelo que el poder necesita para pescarte, un reclamo aparentemente inofensivo y beneficioso, pero que oculta dentro un mal mayor. Lo cierto es que mordiste el anzuelo (yo como el que más), pero ahora es el momento de no dejarse arrastrar al pesquero. ¡Arranca del carrillo ese anzuelo!, por muy doloroso que esto pueda resultar, pues será un mal menor y después de un tiempo sentiremos el más grande de todos los alivios; una recompensa que sin lugar a dudas habrá merecido la pena, pues la libertad, como el amor y la felicidad, es de las cosas que tampoco tiene precio.

Saca al monstruo que está dentro de ti, recupera aquel ser humano que un día dejaste de lado por aquella falsa felicidad que te prometieron y que nunca se materializó (ni jamás se materializará); libera a aquel  ser que no ve con los ojos, sino, que al igual que un niño, siente con el corazón.

Quiero acabar con una frase de un libro que muchos de ustedes ya habrán leído y que sino lo han hecho recomiendo.

“He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos”.  El Principito de ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

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