2+2=4

Dos y dos son cinco, dos y dos son cinco. ¿Cuántas repeticiones serían necesarias para llegar a convencernos de que dos y dos no son cuatro?                                   

El paradigma Orwelliano de guerra mental está cada día más presente.

Si antes los políticos abanderaban el estandarte del bienestar social para manejar a la población a su antojo, ahora el señuelo es el de la recuperación económica.

El atropello económico al que nos han sometido ha dejado un panorama tan desprovisto de opciones, que cada cual aguanta su mástil, presto a acatar toda recomendación que se proclame desde aquellas altas instancias que dicen llamarse los mercados.

Los mercados son, pues, los supuestos expertos guías que conocen el camino, y quienes dictan las directrices a los políticos en una pretendida búsqueda de salvación social.

Y los políticos nos presentan estas abusivas medidas como ultimátum del sistema.

Reconocen que el sistema agoniza, pero los mecanismos de guerra mental han sido tan eficientes, que la sola idea de abandonar el sistema aterra más al rebaño que las draconianas medidas que nos infligen.

De esto se encargan día a día los medios de comunicación, poderosos mecanismos de lavado cerebral, que convencen al individuo por repetición, por repetición constante del paradigma del sistema de bienestar social, como si todavía quedara esperanza para ello, con sólo un pequeño sacrificio. Sólo que este pequeño sacrificio avanza en una carrera acelerada  hacia el sometimiento total.

¿Pero qué hay del rebaño? ¿Quién se identifica como tal? Todos estamos prestos a considerar al resto entes borreguiles, pero lo cierto es que nuestro margen de actuación parece irse acotando, en esa actitud de resignación y conformidad, que da paso a una aceptación involuntaria.

Los mecanismos de la guerra mental son amplios y sutiles, entre la seducción del señuelo del bienestar y la amenaza del castigo al disidente. Tales son las distracciones y las comodidades, que el rebaño duda en despojarse  de su ronzal para recuperar su condición pensante, capaz de pensar, capaz de expresar y capaz de repetir  que dos y dos son cuatro.