Una vuelta de tuerca más.

Quienes siguen este blog se habrán dado cuenta de que, de un tiempo a esta parte, ya no salen noticias sobre manifestaciones, abusos policiales, complots, guerras… El motivo es precisamente lo que quiero explicar en este artículo, pues no ha sido fácil para mí romper con mis propias creencias sobre qué es lo que debo sentir o de qué forma debo vivir, incluso sobre lo qué es sensato escribir y difundir.

Cuando era joven el odio y la violencia formaban parte de mi ser, simplemente porque creía que enfrentándome directamente al poder podría cambiar el sistema.

Después de un tiempo comprendí que esa lucha no conducía a ninguna solución, pues en vez de sumar fuerzas contribuía a crear una brecha en la sociedad, debido a que los medios de comunicación de masas criminalizaban los hechos y nos tildaban de terroristas.

Debemos comprender que el poder busca el enfrentamiento, porque así puede justificar aún más su control sobre la sociedad, es más, lo necesita, pues sin él se acabaría el juego de los buenos y los malos, y, por lo tanto, el control al que estamos sometidos no tendría razón de ser.

Con el tiempo empecé a buscar otras formas de lucha y encontré en internet un gran número de guerreros por la verdad.  Gente corriente que, desinteresadamente, compartía  videos, documentales, libros, películas… Siempre con el fin de despertar al mayor número de seres humanos en aras de un mundo mejor. Claro está que me apunte de cabeza creando un blog y difundiendo aquella información que consideraba de interés para la humanidad.

Hoy día considero que la información dada en este blog (antes del cambio de mentalidad de su autor) tenía un doble juego, pues es cierto que sin información veraz es muy difícil despertarse (aunque en mi humilde opinión no es ya lo principal), pero no es menos cierto que si el poder permite que se conozca esa verdad (incluso él mismo la difunde) es porque en ningún caso le perjudica, sino que por el contrario le beneficia.

Porque como el propio Maquiavelo decía:“(…) la poca prudencia de los hombres les hace emprender cosas cuyo buen sabor inicial les impide percibir el veneno que hay debajo (…)”

Particularmente considero que esto es lo que sucede realmente, pues cegado por la búsqueda de la verdad y por un odio irracional hacia quienes de una manera deleznable gobiernan el planeta, me dejé llevar, sin percatarme de que, al contrario de lo que pensaba y como sucede con la violencia,  estaba ayudando al poder a cumplir sus objetivos, es decir, estaba alimentando a la bestia.

“Sin duda los príncipes se vuelven grandes cuando superan los obstáculos y las dificultades que se les presentan. Por eso la suerte (…) hace que le nazcan enemigos y que otros emprendan  acciones en su contra, para que tenga la oportunidad de superarlas y pueda subir más alto, utilizando la escalera que sus propios enemigos le colocan. Por eso hay muchos que piensan que un príncipe sabio debe alimentar con astucia algún conflicto cuando se le presente la ocasión, para que, tras aplastarlo, su grandeza se vea aumentada.” De nuevo Nicolás Maquiavelo, en  El Príncipe.

Para el poder es imprescindible tener enemigos. Por eso cuando se queda sin ellos tiene que fabricarlos, como está pasando en la actualidad debido a que su poder y control ha llegado a límites inimaginables. Primero fueron las protestas, luego las revoluciones, más tarde el terrorismo y ahora es la crisis económica con el 15M a la cabeza. Todos estos movimientos son aderezados con el sabor inigualable de la propaganda, para que el fin último sea el conflicto perpetuo, indistintamente de lo que pueda parecer.

¿Y no es propaganda lo que hacemos las páginas y blogs que sacamos a la luz las atrocidades del poder?

¿Acaso pensáis que si al poder le hiciera el más mínimo daño no acabaría con la información que circula por internet?

Claro que podría hacerlo, pero no lo hace. De hecho fomenta esa información, pues cuanto más luchemos contra el poder, cuanta más información negativa difundamos sobre él, mayor será nuestro grado de indignación y mayor será el sentimiento de odio y de venganza. Así pues, el poder se asegura futuros conflictos repitiendo una y otra vez este siniestro juego.

El poder conoce las debilidades de la naturaleza humana, es más, las estudia. Así ha sido por lo menos en los últimos siglos como nos demuestra la historia y a juzgar por los resultados parece que le ha ido excesivamente bien.

“No vencemos la hostilidad con hostilidad, sino con amistad” que decía Buda.

Por eso he decidido borrar todos los artículos, videos y documentales exceptuando los escritos y ensayos que considero que de alguna forma pueden ayudar al ser humano a enfocar la vida de un modo muy diferente a como hasta ahora lo ha hecho, es decir, sin fomentar los conflictos, o lo que es lo mismo, sin complicidad con el poder como he venido haciendo en los últimos meses.  Al fin y al cabo mi lucha se concentra ahora en intentar arrancar al ser humano (y a mi mismo) de las garras del odio y de la sed de venganza, o, porqué no, de la codicia, del ego, de la competitividad, entre otros sentimientos y comportamientos denigrantes que rodean al ser humano y que le llevan, por un lado, al complejo mundo de complicidad con el poder y, por el otro, al inexorable camino de la infelicidad más absoluta.

“La mente que se abre a una nueva idea, jamás vuelve a su tamaño original” (Albert Einstein)

2+2=4

Dos y dos son cinco, dos y dos son cinco. ¿Cuántas repeticiones serían necesarias para llegar a convencernos de que dos y dos no son cuatro?                                   

El paradigma Orwelliano de guerra mental está cada día más presente.

Si antes los políticos abanderaban el estandarte del bienestar social para manejar a la población a su antojo, ahora el señuelo es el de la recuperación económica.

El atropello económico al que nos han sometido ha dejado un panorama tan desprovisto de opciones, que cada cual aguanta su mástil, presto a acatar toda recomendación que se proclame desde aquellas altas instancias que dicen llamarse los mercados.

Los mercados son, pues, los supuestos expertos guías que conocen el camino, y quienes dictan las directrices a los políticos en una pretendida búsqueda de salvación social.

Y los políticos nos presentan estas abusivas medidas como ultimátum del sistema.

Reconocen que el sistema agoniza, pero los mecanismos de guerra mental han sido tan eficientes, que la sola idea de abandonar el sistema aterra más al rebaño que las draconianas medidas que nos infligen.

De esto se encargan día a día los medios de comunicación, poderosos mecanismos de lavado cerebral, que convencen al individuo por repetición, por repetición constante del paradigma del sistema de bienestar social, como si todavía quedara esperanza para ello, con sólo un pequeño sacrificio. Sólo que este pequeño sacrificio avanza en una carrera acelerada  hacia el sometimiento total.

¿Pero qué hay del rebaño? ¿Quién se identifica como tal? Todos estamos prestos a considerar al resto entes borreguiles, pero lo cierto es que nuestro margen de actuación parece irse acotando, en esa actitud de resignación y conformidad, que da paso a una aceptación involuntaria.

Los mecanismos de la guerra mental son amplios y sutiles, entre la seducción del señuelo del bienestar y la amenaza del castigo al disidente. Tales son las distracciones y las comodidades, que el rebaño duda en despojarse  de su ronzal para recuperar su condición pensante, capaz de pensar, capaz de expresar y capaz de repetir  que dos y dos son cuatro.