Ni miedo, ni esperanza.

Si olvidamos por un instante la prima de riesgo, la deuda externa y toda esa parafernalia inventada por el poder con la estrecha colaboración de los medios de comunicación, veremos que no es el dinero lo que busca el poder, sino la dominación de la mayoría del género humano. Existen multitud de estrategias que el poder ha utilizado para someter a los individuos a lo largo de la historia, pero sin lugar a duda las crisis económicas prefabricadas han sido las que mejores resultados han obtenido. La estrategia para conseguir tales fines no depende de una cuestión matemática incomprensible, sino de una simple regla de tres: cuanto menos dinero tengas, más te esforzaras por conseguirlo, y, por lo tanto, más sometido estarás a las apetencias del poder.

Con esta simple pero eficaz fórmula, el poder  mantiene a la sociedad entre el miedo a no tener dinero y la esperanza de poder conseguirlo.

Por eso, no es el poder el que ata al individuo, sino el dinero y su interminable búsqueda lo que le encadena a aquel.

Hoy día el dinero se ha convertido en el nuevo opio del pueblo y, como cualquier droga, mantiene enganchado a quien la consume. De ahí,  las incesantes campañas del sistema para que compres, para que consumas, en definitiva para que te conviertas en un yonki del sistema.

Puedes negar la realidad o autoconvencerte de que ésta no es tan mala como algunos la dibujamos, pero recuerda que serán  el miedo y la esperanza los que hablarán por ti, no tu capacidad de razonar.